miércoles, febrero 21, 2007

Los eclipses totales de sol durante el período prehispánico en la isla de La Palma (Isla Canarias)


Sencillamente, los eclipses tienen lugar cuando el sol, la luna y la tierra están en línea recta. Dependiendo de la posición del sol y de la luna se dará la variable de eclipse solar o lunar. Los eclipses totales de sol tienen lugar cuando la sombra de la luna alcanza la tierra. La duración máxima de un eclipse total de sol es de unos 7,5 minutos, pero estos eclipses son raros y sólo tienen lugar una vez cada varios miles de años. Un eclipse total, normalmente, se puede ver durante unos tres minutos desde un punto en el centro del recorrido de su fase total.
Para muchos pueblos y culturas ancestrales, los eclipses se han relacionado tradicionalmente con el fin del mundo, episodios catastróficos, malos augurios, etc. La Palma no era una excepción, aunque no sepamos qué significado tenía entre los awara.
Los awara (antiguos pobladores de la isla de La Palma) observaron en torno a unos 60 eclipses totales (que cubre en más de un 80 % la esfera solar) y otro tanto casi totales (cubre más de 50 % del disco solar) que denominamos parciales:
En el siglo III a.C., posible momento de llegada a esta tierra insular de los primeros pobladores beréberes del Norte de África, observaron dos totales (2 abril 283, 16 septiembre 255) y otros seis parciales.
Siglo II a.C. otros dos totales (17 agosto 179, 3 febrero 104) y cuatro parciales.
Siglo I a.C. tres totales (7 marzo 50, 12 noviembre 35, 30 junio 9) y cinco parciales.
Siglo I tres totales (3 diciembre 20, 30 abril 59, 27 diciembre 83) y tres parciales.
Siglo II cuatro totales (3 agosto 110, 5 noviembre 142, 28 diciembre 186, 3 junio 197) y uno parcial.
Siglo III tres totales (25 agosto 230, 29 enero 241, 16 agosto 258) y seis parciales.
Siglo IV dos totales (15 marzo 359, 8 septiembre 378).
Siglo V tres totales (18 junio 410, 20 agosto 472, 18 abril 497) y cuatro parciales.
Siglo VI tres totales (3 diciembre 541, 23 septiembre 591, 5 enero 596) y uno parcial.
Siglo VII cuatro totales (26 diciembre 604, 25 octubre 645, 13 septiembre 657, 28 enero 659) y dos parciales.
Siglo VIII cinco totales (14 julio 725, 7 noviembre 747, 5 julio 772, 16 agosto 779, 3 abril 786) y dos parciales.
Siglo IX cuatro totales (14 mayo 812, 6 julio 837, 28 agosto 881, 20 octubre 887) y tres parciales.
Siglo X dos totales (30 septiembre 935, 20 julio 985) y dos parciales.
Siglo XI seis totales (22 octubre 1017, 29 mayo 1025, 25 febrero 1058, 24 noviembre 1071, 16 febrero 1086, 25 diciembre 1098) y seis parciales.
Siglo XII cuatro totales (29 marzo 1112, 4 noviembre 1138, 26 enero 1153, 13 julio 1181) y tres parciales.
Siglo XIII cinco totales (28 febrero 1207, 15 octubre 1232, 3 junio 1239, 30 diciembre 1255, 25 mayo 1267) y seis parciales.
Siglo XIV dos parciales.
Siglo XV dos totales (19 septiembre 1438, 21 noviembre 1462) y seis parciales.
El último eclipse casi total que pudieron ver los awara fue el 21 de octubre de 1492, coincidiendo con la fase de conquista castellana.
El siglo con más eclipses de sol totales fue el XI y el que menos el XIV.

Miguel A. Martín

martes, febrero 13, 2007

Abora, la realidad suprema de la religión awara. Isla de La Palma (Islas Canarias)


(Este artículo fue publicado en Celtiberia.net v2.0 - Ver el X-présate el 7/12/1006).

Un estudio científico en el siempre comprometido período prehispánico en la isla de La Palma (archipiélago canario) ha demostrado la relación armónica que los antiguos pobladores de la Isla, los awara, entablaron con el espacio y el tiempo, regalando toda su vida a los cultos cósmicos en una geografía que estructuraron sobre los pilares solsticiales. Lo que ya era una sospecha desde que los primeros cronistas citaban al sol como la primera referencia espiritual en Canarias, se confirma con un exhaustivo estudio en los principales lugares sagrados de La Palma.El revolucionario descubrimiento es fruto de muchos años de investigación en la que se supo combinar las aportaciones de la arqueología con otras ciencias sociales como la antropología, la etnografía, la astronomía, etc. La metodología de un trabajo de campo consistió en la metódica ubicación de más de 150 yacimientos religiosos en el espacio, lo que le llevó a recorrer todos los ecosistemas insulares, así como la utilización de la brújula y programas informáticos que facilitaran un mejor conocimiento e interpretación de las orientaciones establecidas.El pensamiento antiguo, escribe Lévy-Strauss, entiende que la naturaleza es algo a lo que no hay que oponerse, ni si quiera intentar mejorarla, ni buscar independizarse de ella, puesto que la naturaleza es un don de Dios y por lo tanto es perfecta, incluso cuando se vuelve hostil, mediante mortíferas sequías, epidemias, hambrunas y la muerte, sigue estando ordenada. Esta exigencia de orden se encuentra en la base de todo pensamiento, pues cada cosa debe estar en su lugar, inclusive podríamos decir que es esto lo que la hace sagrada, puesto que al suprimirla, aunque sea en el pensamiento, el orden entero del universo quedaría destruido. Años de “soledad” recorriendo los caminos, barrancos, lomos y montañas de la Isla, la observación del paisaje, la vida, las formas, los colores, los sonidos de la naturaleza lo que les dio la llave para darse cuenta de las reglas religiosas que repetían sin cesar sobre el medio los aborígenes. Una vez que entendimos su procedimiento, comprobamos como todos los lugares con restos religiosos estaban en el sitio exacto (nos acercaremos a su cosmovisión).El movimiento regular y sin fin de la mayoría de los astros constituye una excelente pauta temporal: el astro sale detrás del horizonte, recorre una trayectoria en el cielo y se pone nuevamente detrás del horizonte. Los hombres de las sociedades tradicionales experimentaban la necesidad de habitar en un espacio ordenado, un cosmos. Una de las formas de ordenar o medir el tiempo es a partir de la observación de fenómenos astronómicos, buscando regularidades en su manifestación, es decir, procesos cíclicos. El desplazamiento cíclico del sol en el horizonte ofrece, entonces, un marco para la planificación anual cuyo resultado, al menos para la sociedad awara, son los momentos que estructuran el año solar en dos pilares: solsticio de verano (21 de junio) y solsticio de invierno (21 de diciembre). Desde puntos de observación específicos este desplazamiento aparente puede estudiarse y generar así un conocimiento, que en este caso fue primordial. La salida del sol es tan predecible que raramente nos detenemos a pensar lo que ocurre en el cielo o por qué. Nuestros aborígenes estudiaron su movimiento día tras día, año tras año. Sabían perfectamente que el sol sale y se oculta en diferentes lugares del horizonte cada día. En la búsqueda de la cultura, las mentalidades, la sociedad, la religión, el arte…el sol fue un maravilloso maestro.La investigación realizada en La Palma se estructuró en tres tipos de conjuntos ceremoniales de naturaleza distinta: amontonamientos de cumbre, canales y cazoletas y grabados rupestres.En la isla de La Palma existen actualmente unas 60 construcciones de piedras apiladas formando círculos variables en tamaño y alturas. Prácticamente todas se encuentran en las zonas altas de la Isla, sobre el contorno superior que bordea la gran depresión de Taburiente. Cerca del 90 % se sitúan en la amplia franja que rodea el Roque de Los Muchachos (entre las cotas de los 2.000 y 2.200 m. de altitud), y casi la mitad se ubican tan sólo en tres yacimientos pertenecientes al municipio de Garafía: Cabeceras del Barbudo, Las Lajitas y Cabeceras de Izcagua. Se orientaron 21 yacimientos con 52 amontonamientos, destacando 2 marcadores astronómicos en Las Lajitas y las Cabeceras de Izcagua IIIa. El protagonista absoluto aquí es el sol del invierno.Por otro lado, en los últimos años se han podido identificar más de una decena de recintos formados por cazoletas comunicadas entre sí por canales en tramas, a veces, complejas; y un número mucho mayor de cazoletas aisladas, en ocasiones combinados con grabados rupestres, lo que favorece la plegaria astral. Su dispersión abarca casi toda la Isla, principalmente en relación a los poblados permanentes de costa. Perforar la piedra para construir o fabricar cazoletas y canales tiene como modelo ejemplar una vez más la cosmología. Los recintos sagrados reactualizan de un modo ritual la cosmogonía. Destacan los entramados de Puntagorda, Morro de Las Nieves, Barranco de Domingo Díaz, Los Cascajos, etc. Ahora, el protagonismo lo acapara el sol del verano.Dejamos para el final el aparente complejo mundo simbólico representado por los petroglifos, elementos u obra artística que salpican la geografía insular. Sobre un soporte pétreo, aunque casi nunca en las mejores rocas, se dispersa un amplio repertorio de símbolos abstractos: más de 10.000 motivos repartidos entre los más de 300 puntos sagrados. Entorno a 280 estaciones de arte rupestre siguen existiendo, destacando las cumbres que bordean la Caldera de Taburiente con más de 170; el resto se dispersa por las costas y medianías. Por desgracia, muchos grabados han sido destruidos históricamente para roturar los terrenos, la construcción de carreteras, otras obras impactantes con el terreno y el paisaje y el coleccionismo. Se estudiaron 136 estaciones rupestres y 835 paneles distribuidos de la siguiente manera: 66 en Garafía, 16 en El Paso, 14 en Tijarafe, 11 en S/C de La Palma, 10 en Puntallana, 7 en San Andrés y Sauces, 4 en Barlovento, 3 en Mazo, 2 en Breña Alta, 2 en Puntagorda y 1 en Fuencaliente. Descubrir una nueva esencia significa ganar conocimiento. Cada nueva esencia adquirida multiplica nuestra capacidad y abre nuevas puertas a la investigación para comprender mejor el mundo que rodeaba a los primeros pobladores de Canarias. Este hallazgo va a permitir revisar los yacimientos prehistóricos de Canarias e, incluso, en otras partes de Europa y el norte de África

Miguel A. Martín González

lunes, febrero 05, 2007

Los juegos aborígenes



Los juegos aborígenes están en peligro
El investigador José Manuel Espinel trabaja en la recuperación de los juegos de inteligencia tradicionales. Lleva más de 20 años estudiando los juegos.
( escrito para Canarias7 por Esther R. Medina Santa Cruz de La Palma)
El patrimonio lúdico del Archipiélago, que se remonta a la más remota antigüedad, está en peligro. Los juegos de inteligencia que practicaban los guanches corren el riesgo de desaparecer. El investigador y profesor José Manuel Espinel trabaja en su rescate.
Canarias está perdiendo buena parte de las múltiples señas de identidad que conforman la cultura tradicional por falta, principalmente, de motivación e interés, en especial político», sostiene el investigador y profesor José Manuel Espinel, que lleva más de 20 años estudiando «una de las parcelas del mundo cultural de nuestros antepasados menos conocida: los juegos de inteligencia y la posible relación arqueomatemática y astronómica de sus orígenes». En 1987 publicó, junto con García-Talavera, el libro Juegos guanches tradicionales. Inscripciones geométricas en Canarias. Muchos de estos juegos, explica Espinel, «han dejado de practicarse en época relativamente reciente, por lo que aún estamos a tiempo de rescatarlos del olvido y de su total desaparición». Este investigador defiende la pervivencia prehispánica de los juegos tradicionales de inteligencia ya que, dice, «desde tiempos remotos el hombre juega, aunque en Canarias algunos siguen empeñados en encuevar la rica herencia cultural de nuestros antepasados». Admite, no obstante, que algunos de esos juegos pudieron ser introducidos en el Archipiélago después de la Conquista. Se trata de juegos de inteligencia, apunta, «porque implican, aparte del aspecto puramente lúdico, cierta capacidad de abstracción, de concentración, de desarrollo de estrategias y de la configuración de las fichas en el tablero». Estas manifestaciones, dice, «se desarrollan generalmente en espacios geométricos a modo de dameros que, originariamente, no solamente implicaban un desarrollo lúdico sino también matemático, aritmético, geométrico, astronómico, cultural, social o incluso religioso». Los epigramas geométricos, agrega, a menudo, «eran improvisados en la tierra o la arena, pero otros muchos son, en la práctica, imperecederos, pues están elaborados en rocas basálticas, fonolíticas o en otras de similar composición y naturaleza». Filiación. Asegura que se trata de manifestaciones culturales milenarias «ya que aparecen no sólo en innumerables tableros ancestrales grabados en las rocas a lo largo de nuestra geografía archipielágica, sino, además, en todo el norte de África». En Canarias «ha aparecido una considerable cantidad de dameros de juego grabados en la roca de indiscutible filiación aborigen». Recuperar este patrimonio, cree Espinel, es «honrar la memoria de nuestros antepasados».