domingo, mayo 13, 2007

Museo Arqueológico Benahoarita


Como no podía ser de otra manera, el nuevo museo arqueológico de Los Llanos de Aridane (isla de La Palma, Canarias) fue inaugurado, a toda prisa, el pasado 30 de abril por el Presidente del Gobierno de Canaria, elogiando el valor cultural, educativo y turístico que tendrá este nuevo edificio. Pretende ser una referencia cultural imprescindible para la Isla, mostrando a los visitantes el hábitat, industrias, aprovechamiento del medio y creencias mágico-religiosas de los pobladores palmeros prehispánicos. Un museo no es algo que se inaugura y ahí queda sino que debe tener vida propia, porque museo arqueológico de este tipo, en formato reducido, tenemos en Belmaco (Villa de Mazo) o La Zarza (Garafía).
El edificio es una buena obra de la arquitectura moderna, amplia y luminosa; sin embargo, la ubicación y el acceso no están señalizados, la calle está sin asfaltar, los aparcamientos no están adaptados para que una guagua pueda entrar y dar la vuelta.
El espacio exterior está sin rematar, la supuesta zona ajardinada ¡que pena! podría haber sido aprovechada para la creación de un parque arqueobotánico, con muestras vivas de las plantas que se usaron en la época prehispánica para su alimentación, medicina, confección de ropas, esteras, maderas para los diferentes usos domésticos y sepulcrales, así como otros utensilios. La arqueología ha podido constatar varias de estas especies y las crónicas de la conquista ofrecen citas abundantes de los árboles y plantas más usadas, o aquellas legendarias como el drago. Además este espacio arqueobotánico podría contener reproducciones de cabañas permanentes y/o estacionales. En ese mismo espacio, con un fin fundamentalmente pedagógico, se podría haber reproducido una escenografía de una excavación arqueológica con estratigrafías de cualquier yacimiento de los que hay en la Isla, de modo que se de a conocer la tarea de los arqueólogos y el saber que nace de esa ciencia. Mediante unos paneles se explicaría cómo trabajan los arqueólogos y los materiales e instrumentos de investigación que utilizan.
Entramos en el edificio. De entrada, el ambiente es frío, falta información, no se encuentran grandes pancartas que anuncien el recinto, no hay ni una guía, ni folletos explicativos generales o temáticos. Por otra parte, el marketing nos demuestra, en el día a día, que la música es una herramienta muy utilizada para vender un buen producto –de eso saben mucho las grandes superficies-. Partiendo de ahí, en un moderno museo como este, no estaría de más una sutil música y proyección audiovisual que nos invite a adentrarnos en tiempos pasados.
La exposición permanente está en la planta superior. En apenas 20 minutos podremos concluir el recorrido. Una proyección sobre la isla de La Palma te da la bienvenida. Luego se mezcla el origen del hombre, la génesis geológica de la Isla y paneles, con demasiado protagonismo a nuestro juicio, sobre los cantones o demarcaciones territoriales aborígenes. La mejor zona de exposición se refiere a los restos cerámicos, líticos, óseos, pieles y malacológicos. Quizá, la peor sea la que hace referencia al mundo de la religión y sus principales manifestaciones. No se realza la cantidad y la importancia a nivel mundial que tienen las manifestaciones rupestres de La Palma y su relación con el cielo. El principio celestial es la base del pensamiento religioso de los awara. La madre Abora (sol) es el centro de la simbolización, la que organiza la naturaleza, la que la armoniza y da sentido inmanente a la vida. Iruene (la luna) es diametralmente opuesto. Nada de esto se destaca.
Vulgares reproducciones de un amontonamiento, de canales y cazoletas con unos textos muy pobres, dando la sensación de que fueron hechos cortando y pegando, sin tener conexión, en ocasiones, un párrafo con otro (como muestra, la relación, en un mismo texto, de canales y cazoletas con baladeros, o amontonamientos de piedras de La Palma con kerkus norteafricanos), lo que los hace poco didácticos, que no explican nada de lo que verdaderamente importa, el objetivo de esas manifestaciones rituales. No se han tenido en cuenta las últimas aportaciones al conocimiento de nuestra prehistoria y los datos colocados son los mismos de hace 20 años. Palmeros y foráneos no son conscientes del valor patrimonial que tenemos. El museo no lo resalta, no lo vende. Niños, jóvenes y adultos que nada saben de la prehistoria de La Palma no entienden una buena parte de esos textos.
A pesar de existir pantallas o monitores de proyección continua, se hecha en falta lo que más atrae a chicos y grandes, consolas informáticas interactivas con diferentes niveles de información adaptados al interés y comprensión personal de cada asistente (se nos ocurre, visitas virtuales de los yacimientos de la Isla), con capacidad para entretener, divertir y educar. La información no solo debe entrar por la vista a través de la lectura, sino por otros canales sensoriales, con la imagen comentada -voz en off- como formato avanzado de autoguía. Estas características actúan como atractivos imanes para cualquier visitante, a quienes se intenta apasionar, sean expertos o no. El motivo es que la ciencia arqueológica nos acerque a nuestros ancestros, a nuestro pasado más remoto, para comprender la globalidad de la evolución de forma entretenida sin perder su rigor científico.
Se termina la visita y la gente sale del museo con la sensación de haber visto poco y sin saber casi nada de quienes fueron los aborígenes palmeros, de dónde procedían, cómo y de qué vivían, su estructura social, qué estrategias de subsistencia desarrollaron, cuál era su pensamiento religioso, sus costumbres funerarias, mitos y leyendas. No se ha sabido vender la riqueza arqueológica que atesora nuestra Isla. Encima, decides llevar algún recuerdo porque ves que se anuncia una tienda y, por mucho que la busques, no está, no existe. Sales a la calle sin ningún libro, sin ningún folleto, ni un triste tríptico o souvenir. Por no haber, no hay ni un libro de quejas y sugerencias.
Por último, gran parte de la vida del museo no se la van a dar los investigadores sino la sociedad, el pueblo de Los Llanos de Aridane y el resto de los palmeros. Fomentar la participación ciudadana empezando por la base, los colegios e institutos, todo tipo de asociaciones e instituciones lograrán que el museo perdure en el tiempo. La nueva andadura del mab debería combinar aquel antiguo afán coleccionista, que les llevó a fundar museos que se limitaban a guardar restos clasificados, con las nuevas tecnologías más vanguardistas como instrumento educativo capaz de captar la atención del público y marcar una diferencia con lo ya existente en la Isla.
Esperamos algo más de un museo del siglo XXI.
Artículo extraído del periódico "La Voz de La Palma" (mayo 2007)

2 comentarios:

Fran dijo...

el museo aún NO HA SIDO INAUGURADO, sólo se han celebrado unas jornadas de puertas abiertas, nada más.

Anónimo dijo...

Por lo que tengo entendido está aún sin terminar o al menos eso me dijeron cuando pregunté en mi visita este verano, lo que pasa es que ya se sabe, había que inaugurarlo oficialmente antes de las elecciones.

Personalmente, aunque hay que darle el benficio de la duda y verlo definitivamente terminado, lo veo clásico, es decir exposición de materiales e información en los paneles, a mi juicio demasiado cargados de texto, para decir lo de siempre. La Palma se merece un museo más moderno (en cuanto a criterios expositivos de refiere), didáctico, pedagógico y que llame la atención a la gente. Un museo capaz de enseñar que el visitante salga de allí con las ideas claras, no hace falta que se le dé todo un recorrido de los pormenores de la arqueología auarita, para eso existen métodos y sistemas que permiten diferentes niveles de lectura e información (sistemas interactivos), lo que es interesante e importante es que el visitante salga de allí con la sensación de saber:quiénes eran los auaritas, de dónde vinieron, cómo vivían, a qué se dedicaban etc, esas cuestiones básicas que desgraciadamente aún hoy son ignoradas, cuando no llevadas al tópico o hechas leyenda, por la mayoría de la población, palmera y canaria en general.